Bodegas cueva. Un patrimonio a preservar.

Las bodegas cueva.

Las bodegas cueva llaman poderosamente la atención a todo el que pasa por estos paisajes ya sean nuestros vecinos, los peregrinos o los visitantes. Bajo esas ondulaciones del terreno que respiran por medio de ventanos y zarceras se esconden mojados mundos de hollejos, tragos, cubas, meriendas, toneles y trasiegos en estrechos túneles horadados a pico en la tierra arcillosa. Son las típicas bodegas subterráneas, las cuevas.

Esta construcción surgió por la necesidad de guardar y preservar el vino, obligando a la población a construir algún tipo de edificio de almacenamiento que asegurase unas correctas condiciones de conservación, sobre todo en lo que a temperatura se refiere (en torno a los 8-12ºC). En algunas poblaciones, estas construcciones subterráneas son tan numerosas, que modifican el paisaje, y confieren una identidad arquitectónica común, en toda la zona.

Son muchas las localidades que pugnan por atribuirse la aparición de estas construcciones subterraneas. EL caso es que se reparten por toda la geografía española:

Las bodegas rupestres de Borja, las “lumbreras” de Tomelloso, La Calle de las Cuevas de Haro… podríamos enumerar infinidad de ejemplos que iremos tratando en otras publicaciones.

A pesar de estar cayendo en desuso, podemos decir que estas construcciones forman una parte importante de la arquitectura de muchas localidades. Un dato a tener en cuenta es que, en el pasado, aproximadamente el 75% de los municipios y casi todas las familias de los mismos poseían viñedos. Como consecuencia de ello, las bodegas de almacenamiento y preservación del vino comenzaron a proliferar en los pueblos, convirtiéndose en un elemento fundamental de la vida cotidiana de sus habitantes. Estas cuevas se empleaban no solamente para guardar el vino o la comida, sino que también eran lugar de celebración de eventos.

Las bodegas cueva, podían formar parte de la vivienda pero lo más común es que se encontrasen en las afueras del pueblo, donde las características del suelo permitían este tipo de construcción subterránea.Bodegas cueva

El proceso constructivo de las bodegas cueva

Para construir las bodegas subterráneas era necesaria una colina con una pendiente de unos 10 a 12 metros compuesta, esencialmente, por una gruesa capa de arcilla compacta. La construcción daba comienzo tras la inspección del terreno, llevada a cabo por un obrero o albañil que recibía el nombre de “afinador” o “picador”.

Después del reconocimiento de la zona, la cara sur de la pendiente se cortaba verticalmente para conformar la fachada y la entrada a la cueva. Se procedía entonces a la excavación de una galería abovedada, de unos 8 a 10 metros de longitud. La bóveda, cubierta de arcilla seca, salvaba una luz de 1 a 1,5 metros, y daba a la bodega una altura de unos 2,5 metros. Dicha galería era el eje principal de la cueva y se denominaba “cañón”, tomando así el nombre de la bóveda que la cubre. A ambos lados de este pasillo principal se excavaban una serie de pequeñas habitaciones o “sisas”, siendo la más importante de todas ellas el “lagar”, donde se prensaban las uvas. El suelo del lagar estaba cubierto de azulejos y poseía una ligera inclinación hacia un agujero que, según la zona de la provincia, podía llamarse “piquera”, “bocino” o “vinera”. Los procesos de excavación continuaban hasta que, al final del “cañón”, se construía una pequeña sala cuadrada, abovedada, que recibía el nombre de “cubo”.

Al tiempo que se construía el “cañón”, se construían las “zarceras” o “ventanos”, que eran una especie de chimeneas que servían para ventilar la bodega. Se comenzaban a hacer en la parte superior, y, durante el proceso constructivo, eran el lugar por donde se extraía la tierra empleando un instrumento de madera llamado “carreto” o “esgañaperros”. Las uvas cosechadas en la vendimia se descargaban desde los “cestos” a través de la zarcera principal, denominada “descargadero”. Esta zarcera conectaba el exterior de la bodega con la “lagareta”, una habitación donde se almacenaban las uvas hasta que se prensaban. El resto de las zarceras se hallaban sobre el cañón, situada una en la entrada de la bodega, otras enfrente de las sisas y una última sobre el cubo.

La tierra extraída durante la construcción, se emplearía finalmente para cubrir y proteger la superficie exterior de la cueva, conformando una especie de cubierta inclinada o “teso”. La fachada de las cuevas transmitía al exterior la bóveda de cañón de la galería interior, ya que el hueco de la puerta de acceso solía estar coronado por un arco de medio punto. El proceso constructivo de la bodega terminaba con el revestimiento exterior de la fachada, que podía ser adobe, barro, o incluso ladrillo.

Estas bodegas cueva para almacenar el vino suponen uno de los ejemplos más curiosos e interesantes de la arquitectura y costumbres leonesas. A pesar de que corrían peligro de desaparecer, lo cierto es que en los últimos años muchas familias e instituciones se han preocupado por preservar y restaurar el patrimonio de sus antepasados, utilizando las bodegas como lugar de reunión o incluso bonitos restaurantes.

Deja un comentario